Me gustaría hablar de un tema complejo, delicado y polarizante, con la intención de ayudar en la reflexión desde el máximo respeto.
Una nota para empezar
Nadie «se hace trans» por moda. Si crees que la cosa va por ahí déjame explicarte que todavía hoy, a pesar de la mejora en la tolerancia social de los últimos años, las personas trans tienen una vida más complicada que el resto porque salir de las normas sociales da problemas. Si a alguien puede parecerle una moda es porque hay más visibilidad del fenómeno ya que (por fin) se puede hablar de ello y no hay que esconderse como en el pasado.
Nadie se apunta por moda a un colectivo en el que se dispara el riesgo de sufrir bullying. Un colectivo en el que sabe que su propia familia y entorno pueden marginarle. Donde pueden pegarle e insultarle por la calle por su condición de género (1). Donde seguramente será discriminado en el trabajo (si es que encuentra uno). Donde no puede viajar a muchos países del mundo. Donde quizá le impidan el acceso a un piso de alquiler. Sí, estos son algunos de los problemas a los que se enfrentan las personas trans sólo por su identidad de género, y que disparan los casos de autolesiones y suicidios (2).
Ser trans no es una elección. Sí que lo es mostrarse como tal, y es una muestra de valentía ejemplar en el entorno social en que vivimos.
«¿Tu crees que me complicaría la vida de esta manera (siendo trans) si pudiera evitarlo?» (E. G., 16 años)
¿Qué entendemos por “personas trans”?
Cuando nacemos, a las personas se nos asigna un género en base a nuestro sexo: macho/niño, hembra/niña o intersex (genitales externos ambiguos).
Según vamos creciendo, entre los 18 meses y los 3 años de edad, la mayoría de personas ya identifica su género y el de quienes le rodean. Y se desarrolla la propia identidad de género: la sensación interna de ser hombre, mujer, o de no encajar en ninguna de las dos construcciones sociales (3).
Cuando no coincide la identidad de género con el género asignado al nacer, estamos hablando de personas transgénero (o, directamente, “trans”).
¿Estamos hablando de una enfermedad?
No. Cuando en 2017 la OMS despatologizó la transexualidad, dejó de considerar una enfermedad psicológica el hecho de que haya personas que se sienten de un género diferente al que se les asigna al nacer por sus atributos sexuales. Asumamos pues que el hecho «trans» existe, y que no es una patología.
¿Por qué cuesta tanto hablar del tema trans de forma neutra?
El tema transgénero es un tema complicado de discutir porque la percepción que se tiene sobre las personas trans va ligada a algo tan profundo como los valores personales / ideología y los intereses de cada persona. De ahí que la visión sea tan radicalmente distinta entre el grupo “anti” (conservadores + parte del feminismo (4) + religión) y el grupo “pro” (progresistas + laicos).
Los medios de comunicación también se sitúan a un lado u otro del debate, según su público / ideología, dando en consecuencia voz preferente a unos puntos de vista u otros (5). Incluso es fácil que científicos o psiquiatras estén sesgados en este debate, ya que cualquier dato está bañado de ideología.
Pero… ¿de cuánta gente estamos hablando?
Viendo el ruido mediático que llega a generar el tema trans, podríamos pensar que afecta a un porcentaje de la población muy elevado.
A la hora de la verdad, estamos hablando de un grupo de población en crecimiento pero todavía pequeño. Aunque un 4% de la población 16+ de España se declara trans o no binaria (gráfico núm. 1), si hablamos de personas que han pedido ayuda médica al respecto el porcentaje podría estar alrededor del 0,05 % (6) (en los EU de América estiman que allí el porcentaje sería del 0,5%).
En Catalunya los cálculos se complican, ya que el “Servicio Tránsito de atención a las personas trans” fue pionero en el estado, llegando a atraer a personas de otras comunidades e incrementando las estadísticas locales. Sea como fuere, podríamos decir que hablamos de un volumen de población pequeño, sobre todo en comparación con el inmenso debate social creado por la aprobación de la “ley trans” (ley 4/2023, de 28 de febrero).
Al tratarse de una población tan pequeña, y dado que el tema se ha empezado a estudiar seriamente de forma muy reciente, es difícil sacar conclusiones claras y a largo plazo. O sea que frases generalistas como «muchos se arrepienten» o «todos los jóvenes ahora son trans» hay que cogerlas con pinzas: una vez más, suelen basarse en experiencias personales o de oídas, y pueden estar amplificadas por el sesgo de confirmación (7) según la ideología de quien las expresa.
“Detrás del tema trans hay intereses económicos”
Tampoco las teorías de la conspiración nos ayudan a tener una visión clara. ¿Que quizás existe un interés económico en que los jóvenes sean trans por parte de las farmacéuticas? Seguro. Pero, como decía al inicio del post, nadie “se hace trans” por placer sino por un malestar muy importante con el género que se le supone.
“¿Qué hacemos con los menores trans?”
La discusión más encendida socialmente comienza cuando hablamos de menores trans, y especialmente de los tratamientos médicos que se les aplican (8). Hay que distinguir entre dos grupos de edad: los que necesitan la aprobación de los padres, y los que pueden decidir por sí mismos.
Jóvenes de 14 a 16 años
En España, los jóvenes a partir de 14 y hasta que cumplen los 16 años necesitan la autorización de los padres para poder recibir tratamiento hormonal. Según los datos que tenemos (ver gráfico núm. 3), existe una mayoría clara de la población que apoya a los padres de las personas trans que piden un tratamiento reafirmante.
La oposición a que los jóvenes 14-16 reciban tratamiento viene de un 25% de la población, quienes parecería que se ven más preparados para decidir que los propios padres o tutores.
Jóvenes de 16 a 18 años
Nos queda hablar sobre la juventud trans a partir de 16 y hasta los 18 años, que puede acceder a tratamientos sin aprobación parental.
Muchos adultos ven a los jóvenes como personas sin criterio, influenciadas por las redes sociales hasta el punto de “hacerse trans” o de “volverse LGBT+” por culpa de los vídeos que ven en Internet. Las redes sociales, de las que no soy defensor vistos los efectos secundarios que tienen en general sobre la juventud, han sido una herramienta revolucionaria para la comunidad trans. Les han dado respuestas a preguntas que generaciones anteriores no podían preguntar a nadie, generando comunidades de apoyo muy necesarias en momentos de sufrimiento.
En España los adolescentes de más de 16 años pueden – legalmente, y sin el consentimiento de sus padres – tener relaciones sexuales, abortar, emanciparse, o casarse: decisiones que también pueden dar lugar a errores importantes que pueden marcarles de por vida. También vemos un altísimo porcentaje de niños y preadolescentes con acceso indiscriminado a tecnologías que dañan su bienestar físico y emocional (9). También pueden conducir ciclomotores a los 15 años. Y todo ello, sin los aspavientos que se oyen con el tema trans (que afecta, como hemos dicho, a un porcentaje mucho menor de la población).
¿Por qué entonces tanto ruido con la juventud trans? Volvemos al inicio: porque es un debate muy ideológico y que nace de algo tan visceral como las creencias de cada uno.
¿Qué podemos hacer?
Es el momento de confiar más en estos jóvenes. ¿Puede que se equivoquen? Naturalmente. Como cualquier persona adulta que se ha divorciado, que ha invertido mal los ahorros o que no ha sabido educar a sus hijos. Todos estos hechos tienen consecuencias importantes y a largo plazo para ellos y para las personas que les rodean, pero no por eso les prohibimos que decidan.
Si queremos que el riesgo de equivocación y el sufrimiento sean menores, acompañemos a los jóvenes trans, compartamos información mutuamente, amémosles, estemos con ellos y confiemos en los profesionales de la salud.
Y si en el futuro algún joven descubre que se equivocó, o cambia de idea, será entonces cuando más necesitarán nuestro apoyo.
Notas:
(1) Según el CGPJ, los delitos de odio más frecuentes vienen por la condición LGBTI de las víctimas, superando los de etnia, ideología o nacionalidad.
(2) Según la Encuesta Nacional de Discriminación Transgénero (EE.UU.), un informe de 2011 sobre cerca de 6.500 personas trans y no conformes de género de cada estado, casi el 80% de los jóvenes trans han sufrido acoso en la escuela. Casi el 20% dijo que se les había denegado un sitio para vivir, y casi el 50% dijo que les habían despedido, no contratado o denegado un ascenso debido a su condición de género. Un muy preocupante 41% ha intentado suicidarse frente al 1,6% de la población general.
(3) Los constructos sociales o construcciones sociales definen el significado que se asigna a determinados objetos/eventos. No existen en la naturaleza y nos los inventamos para facilitar las relaciones e interacciones.
(4) Un grupo de personas autodenominadas TERF (Feminismo Radical TransExcluyente, según sus siglas en inglés) se niega a aceptar a las mujeres trans como mujeres. Puedes profundizar en su punto de vista clicando aquí.
(5) El caso de los artículos de La Contra de La Vanguardia es especialmente sorprendente. Los entrevistados parecen tener más credibilidad por el hecho de aparecer en el diario, pero hay que tener en cuenta que también han publicado artículos de antivacunas, de conspiracionistas y de negacionistas del cambio climático. No deberíamos dar ni más ni menos credibilidad a autores solamente por el hecho de aparecer en esta sección, como es el caso de autores que piden revisar las políticas trans (publicados el 9/2/2022 y el 28/1/2023).
(6) Fuente: Jorge de Vega, responsable de valoración psicológica en la Unidad Funcional de Atención a Personas Transexuales de la Provincia de Las Palmas.
(7) El sesgo de confirmación es la tendencia a tener en cuenta acontecimientos o elementos de tal modo que confirmen nuestras preconcepciones o hipótesis, provocando errores en la interpretación del mundo que nos rodea.
(8) Términos como «irreversibilidad», «mutilaciones» o «amputaciones» deben utilizarse con cuidado, tanto por su carga emocional como porque muchos de los cambios producidos por tratamientos hormonales se pueden considerar reversibles. No es el caso de cirugías mayores como las vaginoplastias y faloplastias, opciones mucho más minoritarias entre el colectivo trans.
(9) Sedentarismo, miopía, adicción a los videojuegos/p0rno/juego online, baja autoestima y depresiones son algunos de los efectos negativos de «las pantallas» entre la juventud.