Reflexiones del día de Sant Jordi, 2031

Me acabo de encontrar a Mireia Llopart en la calle Balmes. La última vez que la vi fue cuando le hice Coaching hace 3 años, en 2028, y tenía que elegir qué grado universitario quería hacer. Me he quedado sorprendido cuando me ha comentado que quiere dejar los estudios, pero lo entiendo: no le vale la pena el sufrimiento de tener que coger el metro por las mañanas y al anochecer sola, si ningún hombre de la familia o amigo puede acompañarla.

Me ha explicado que hace pocos días tuvo un (otro) susto gordo con unos hombres que la arrinconaron en el metro y que menos mal que unos compañeros de clase le ayudaron a librarse de ellos. Que prefiere quedarse en casa, como aconsejan en TV cada día a las chicas jóvenes, que tener que correr o esconderse. Si yo fuera ella, seguramente pensaría lo mismo.

Pero lo que me ha dicho me ha hecho pensar. Mirando atrás, es muy triste que no hayamos sido capaces de evitar esta epidemia de ataques sexuales. Y mira que hace años que sabíamos que el porno estaba haciendo mucho daño a la juventud. «Es difícil limitarlo» decían los que mandaban. “Habría que dar una buena educación sexual a los jóvenes”, recomendaban los otros. «El acceso a internet debería ser solo para mayores de16 años», comentaban los expertos.

Y así fue pasando el tiempo, y nadie hizo nada. Y mira cómo estamos ahora. Prácticamente ya no se ven chicas jóvenes solas por la calle y las que lo hacen van acompañadas y vistiendo esa túnica gris que está de moda, la Hima1. De hecho, si Mireia no me hubiera dicho nada, no la habría reconocido de tan tapada como iba. Y me acaba de venir a la cabeza que la empresa que fabrica las Himas debe estar forrándose vendiendo túnicas en Occidente desde que en Navidad se publicaron los resultados del estudio “Ninguna violación más”, que cuantificaba que el riesgo de una chica de recibir un ataque desciende radicalmente cuando viste “tapada”. Creo que hablaban de un 75% menos2 de riesgo.

Con los que mandan ahora no pinta que las cosas tengan que mejorar mucho. Se excusan en la libertad de mercado o en las dificultades técnicas para no legislar en contra de las grandes empresas que suministran tantísimo material sexual violento. O en la libertad individual para no combatir el porno y los deepfakes. Creo que no conozco a nadie a quien no le hayan hecho (y colgado en redes) un vídeo porno falso. ¡Hay tantos que ya ni nos escandalizan!

El panorama ha cambiado tanto en los últimos 5 años que ya no reconozco el mundo en el que vivimos. Sólo que si hace unos años hubiéramos puesto manos a la obra y limitado el acceso al porno online a los menores…

Mejor no pensar en ello. Me voy a pasear por las Rambles a ver si encuentro algún libro interesante para celebrar Sant Jordi.

Imagen creada con Ideogram


  1. No es necesario que busques esta marca o empresa en el mundo del textil: no existe. ↩︎
  2. Tampoco busques este estudio; me lo he inventado para apoyar el relato. ↩︎