Cuando sugieres a los padres del chico / chica (a quien haces coaching) hacer la evaluación / detección de altas capacidades, la reacción suele ser de incredulidad y desconcierto. Esto es lo que les cuento a continuación.

Las sospechas de tener un hijo «superdotado»

Cuando haces coaching a jóvenes, puedes ver ciertos rasgos (que ahora os contaré) que te llevan a sospechar de la presencia de altas capacidades / superdotación.

Como la gran mayoría de ellos no están diagnosticados, cuando comparto mis sospechas con sus padres su primera reacción suele ser: «¿Altas capacidades? ¡Pero si suspende / no saca todo sobresalientes!». El tema no va por ahí …

Sorprendentemente, las altas capacidades (AC a partir de ahora) no siempre están relacionadas con un buen expediente académico. No tienen por qué ser «Pitagorines», y confío en que en unas líneas os lo habré sabido explicar. Os pondré ejemplos que pueden o no coincidir con cómo es vuestro hijo; lo importante es tener la visión general.

Y, como este texto nace de mi experiencia profesional, sólo pretende facilitar la aproximación al tema para aquellos padres y madres que desconocen este tema.

La detección a simple vista no es habitual

Un chico con altas capacidades suele tener, desde muy pequeño, una forma de ser «especial». Y no, sus padres y profesores no tienen por qué darse cuenta, ya que no estamos preparados para hacerlo. La sociedad tiende a negar la diferencia («mi hijo también es muy listo», dice el entorno) o pensar que son chicos difíciles y ya está («quiere llamar la atención»). Además, mucho de lo que sucede tiene lugar en el interior del chico, y él puede tender a esconderlo o disimularlo por un cierto sentimiento de vergüenza / inadecuación. No os sintáis culpables si no os habéis dado cuenta antes.

«Sé que soy «raro», pero no necesito ayuda»

Al chico con AC le pueden preocupar temas que sus compañeros / amigos ni se plantean («Quiero cambiar el mundo», «Tengo miedo a morirme» – ¡pueden tener angustia de vivir con solo 4 años!). O da muchas vueltas a temas que han aprendido y no sabe gestionar («si explotara un volcán cerca de casa ¿qué pasaría?») creándole angustia y haciendo que le cueste dormirse.

Y el hecho de pensar diferente de los amigos, o los mensajes que reciben los familiares («no te preocupes por eso») pueden llevar a pensar «soy diferente / raro, algún problema tengo«. Y la autoestima baja.

Sí, los chicos con más capacidades suelen tener la autoestima baja. Algunos saben disimularlo haciéndose mucho los duros / chulos por fuera, y cuesta ver qué hay detrás de la fachada. De hecho, no suele ser fácil que se dejen ayudar («lo solucionaré solo») , llegando a manipular a los profesionales que los quieren ayudar («le he dicho al psicólogo lo que él quería oír»).

«No quiero que sepan cómo soy en realidad»

Tienen mucha sensibilidad emocional (esto no quiere decir que tengan «empatía»), y pueden construir una auténtica «muralla emocional» para protegerse del exterior y no sufrir. Con el objetivo de que los demás no vean cómo son («si me muestro como soy, no les gustaré»). Ni lo que realmente sienten, porque las emociones se podrían desbordar y perderían el control que tanto valoran («me gustaría tenerlo todo siempre controlado»). Porque les podrían hacer daño si se muestran como son («me comporto como los demás esperan; sino, me podría quedar solo»).

Recordemos que tienen baja autoestima: pueden ser muy frágiles y sus compañeros lo notan. No es extraño el caso de chicos con AC que reciben bullying por ser diferentes.

Nota curiosa: Esta sensibilidad, a veces, incluso puede ser también física y notan exageradamente fuertes sabores («manías» con la comida), los olores o ruidos. ¡Las etiquetas de camisetas pueden convertirse en un suplicio!

Su sentido del humor también puede ser percibido como diferente / peculiar en su entorno. Este es otro tema que les puede hacer sentir fuera de lugar («no encajo», «me hacen reír cosas que mis amigos no entienden»).

El sentido de la justicia («¡no es justo!») también suele acompañarles, y pueden tener un aire victimista («todos están en contra mía»).

«Quisiera saber cómo parar de pensar»

Frecuentemente no pueden parar de pensar («siempre estoy dando vueltas a las cosas», «mi mente va con turbo»). No es extraño que cuando les hago una pregunta se queden pensando … ya en otro tema, sin haber contestado todavía lo que les pido.

A menudo piensan tanto en las posibles consecuencias de las decisiones que han de tomar, y los errores que pueden cometer, que les cuesta mucho decidir (muestran inseguridad). Pueden desear no pensar tanto, y su entorno se lo pide constantemente … pero no pueden. La relajación o meditación pueden ayudar, pero no siempre les funciona.

A veces sorprenden por su madurez al razonar los temas, impropia de su edad. Por ello pueden sentirse más a gusto con gente mayor que con los de su edad («los compañeros de clase no me aportan, no puedo hablar de los temas que me interesan»). Esta situación puede pasar desde inicios de primaria hasta bachillerato, o incluso más allá, y algunos padres lo ven como un problema («es tan rarito que se relaciona más con algunos profesores que con sus compañeros de clase»).

«No me gusta la escuela»

La escuela puede ser una pesadilla para un chico con AC. Porque creen que los profesores explican las cosas demasiadas veces y él a la primera ya lo ha entendido (entonces desconecta de la clase, y cuando vuelve a conectar ya no sabe por dónde van y desconecta completamente de la asignatura; se aburre tanto que puede dedicarse a molestar). O porque tiene claro que lo que cuentan no le interesa / no sirve para sus objetivos.

O porque desde pequeño los profesores le han cortado la curiosidad (les dicen que «esto no toca ahora» cuando quieren ir más allá, movidos por la curiosidad intelectual) o la involucración («baja la mano, que ya sé que te lo sabes»,»deja que también hablen tus compañeros»).

Les puede costar aceptar la jerarquía de ciertos profesores («se nota que da clases sólo porque le pagan, no tiene ni idea»), y los profesores (al sentirse menudo cuestionados) no les tienen demasiado aprecio. Eso sí, cuando a un chico con AC le gusta un tema, es capaz de obsesionarse y convertirse en experto llegando incluso a corregir al profesor durante la clase, lo que suele poner el docente a la defensiva o, directamente, desarrollar cierta animadversión hacia el chico («el profe me tiene manía»).

De hecho, durante el confinamiento muchos jóvenes con AC descubrieron que aprender a su ritmo les encantaba, y volver a la escuela («a perder el tiempo») les ha costado mucho.

¿Por qué es necesario tener un diagnóstico?

– Para que los padres entiendan mejor a su hijo, y comprendan la importancia de aceptarlo como es. Y poder conectar mejor con él.
– Para que el chico se conozca mejor a sí mismo, y normalice la situación («o sea que no estoy mal?», «¿hay otros chicos como yo?»). Saber que se tienen AC ayuda a recuperar autoestima («desde que mi hijo vio que su forma de pensar no era un problema negativo, y que podía dar más de sí, ha mejorado mucho las notas»).
– Para que la escuela entienda que este joven puede necesitar un tratamiento diferente (recogido por ley) con enriquecimiento o aceleración académica. Además, puede mejorar el trato personal con los profesores («ahora entiendo que no era un chico conflictivo, sino que no se sentía aceptado»).

Si tienes sospechas, ponte en marcha

El mundo está lleno de chicos con AC que han fracasado estrepitosamente en los estudios y / o en el mundo laboral; por la falta de motivación o de autoestima (no creían ser suficentemente capaces), no llegado donde hubieran querido. Si podemos ayudar a evitarlo ahora, con tiempo, vale la pena ponerse en marcha.
Por otro lado, puede haber relación entre casos de AC y otras «etiquetas» psicológicas (TDA, asperger, negativismo desafiante … en grados más altos o bajos); vale la pena tener un asesoramiento profesional.
Y sí, parece increíble pero algo que es tan visible cuando sabes de qué hablamos, suele pasar desapercibido en las escuelas, familias, coaches y hasta psicólogos. No saben cómo relacionarse con estos chicos («tienes que parar de pensar tanto», «me estresa con tantas preguntas»); no les entienden y les hacen sentir (aún más) diferentes del resto.

¿Que hacer?

Os recomiendo que habléis con un psicólogo experto en AC (no todos los expertos tienen la sensibilidad o las herramientas para entender a estos jóvenes). Que analice si el tema puede ser éste o si se detectan otros aspectos concretos de la personalidad del hijo.

Seguramente os recomienden hacer las pruebas para ver si vuestro hijo tiene AC. Si sale negativo, ya sabéis algo más sobre él. Y en caso positivo, hablamos (conmigo o con quien le haya hecho el diagnóstico) a ver cómo continuar trabajando, desde una perspectiva nueva y más ilusionante.

Y es que cambia muchísimo pasar de pensar (por ejemplo) que «mi hijo va tirando / le cuesta» a pensar «ahora lo entiendo».

O, como les ocurre a menudo al padre o la madre, dicen «¡pero si a mí me pasa lo mismo!» y descubren un aspecto de ellos mismos que desconocían.

 

(quizás te interese también este post generalista sobre el tema o este sobre los jóvenes superdotados y desafiantes)

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